Comentarios y reflexiones

India

Entre los muchos poemas épicos o epopeyas con que cuenta la literatura sánscrita sobresalen por su mérito el Ramayana y el Mahabharata, anteriores y superiores en originalidad y belleza a la Ilíada y la Odisea. La lengua sánscrita con su literatura prosigue interesando a los orientalistas de Occidente y a los eruditos de Oriente, aunque hace más de dos mil años que el sánscrito dejó de ser lengua viva sin perder su carácter de sagrada.

El Ramayana y el Mahabharata describen subalternamente los usos, costumbres, creencias y cultura de los antiguos arios. El Ramayana puede considerarse como el monumento más antiguo de la poesía sánscrita, por más que anteriormente se escribieron los Vedas cuya mayor parte está en forma métrica; pero en India se diputa el Ramayana por la primera y primitiva producción poética.

Ramayana

La India milenaria y ascética

Tengo en mis manos una obra titulada El Ramayana escrita según parece por un poeta indio llamado Valmiki. Estos dos volúmenes de que consta esta traducción es obra de un español, Juan B. Bergua y editados en el 1970 por la Editorial Pueyo, Artes Graficas-Luna 27-Madrid.

Estos dos volúmenes han formado parte de mi librería y creo que los tengo por lo menos hace ya más de 40 años, pero os debo confesar que jamás los he leído, salvo algunas ojeadas esporádicas de vez en cuando. ¿Por qué ahora los expongo aquí? Pues la respuesta es fácil, pues ya los estoy leyendo y quiero compartir con vosotros sus relatos antiguos y su relación con la búsqueda de la luz y el conocimiento.

Con el fin de ahondar en la literatura de la humanidad que tratan y constituyen pilares de creencias y mitos con ciertas características espirituales y de fe por los pueblos remotos, he creído que un breve paseo por esas viejas ideas sociales y morales, puedan servirnos para traer una Luz que comience a dar algo de sentido al cometido de esta andadura gráfica  y literaria.

Partiendo de la premisa original de que la denominada religión es y ha sido un verdadero motor en el avance de los pueblos, pienso que no viene mal ojear, aunque solo sea brevemente,  algo que nos muestre en esta “Epopeya o Historia” poder encontrar algunos destellos luminosos de aquellos tan lejanos pueblos de la India.

Algunos recortes:

Religiones, razas, lenguas: esta enorme variedad, con frecuencia verdadera disparidad en todo, era natural en una región tan enorme y tan varia y dispar ella misma en cuanto  a naturaleza. En efecto, dividida naturalmente en tres grandes regiones: Himalaya, llanura del Ganges y Peninsula del Decán, háyanse en ellas cuanto de bueno y de malo pudiera encontrarse en el resto del planeta. La más alta de las cadenas montañosas, en la que se yergue el titán de los montes, el Everest (8.845 m.).

Ríos también fenomenales, de los que son capitanes el Ganges y el Indo, Indua o Sind, El Ganges es el rio sagrado por excelencia, rio adorado como una divinidad y que solo los que han estado en sus márgenes saben bien que veneración sienten por él los hindúes, así como que no hay virtud que no sea atribuida a sus aguas. (Ob. Cit. Pág. 9 de la Noticia Preliminar)

Algunos de mis apuntes

Al final del primer Sarga o capitulo, Valmiki hace una síntesis sobre el verdadero sentido de su obra y la finalidad que pretende, asociar estos relatos como a una verdadera biblia o evangelio, para poner en práctica los mensajes y enseñanzas de los Vedas antiguos y las epopeyas de los héroes o santos que tratan de alcanzar la esencia inmortal y sublime escondida en los santos Vedas.

 Y dice al respecto:

Esta historia santificante, que borra los pecados, que es santa y semejante a los Vedas, aquel que la cuente libre quedará de todas sus faltas. Esta leyenda saludable del Ramayana hace vivir al hombre que la recita, rodeado de sus hijos, de sus nietos y de un numeroso cortejo, y a su muerte magnificada es en el Cielo.

El brahmán que la recita adquiere el imperio de la elocuencia; el Kshatrya, el dominio del Mundo, el Vaisya ve prosperar su comercio; el propio Sudra, oyéndola recitar, obtiene una situación superior. (Ob.Cit, pag.95).

En síntesis está recomendando estas lecturas para todas las castas – es útil y provechosa para todas las gentes– para que la vida de todos ellos sea mejor. Hago observar que también menciona la palabra Cielo, lugar a donde muchos relatos y leyendas quieren enviarnos para alcanzar la paz verdadera y quizás al encuentro con la  luz que nos libre de las ataduras de la ignorancia. No abandonemos esta palabra citada de Cielo, porque la volveremos a mencionar sin duda, cientos de veces más en próximos relatos.

El argumento de la obra.

Con el fin de no hacer una página muy larga pongo a vuestra disposición un resumen del Ramayana para comenzar la aventura sin prisas.

Síntesis del Ramayana

Entre los muchos poemas épicos o epopeyas con que cuenta la literatura sánscrita sobresalen por su mérito el Ramayana y el Mahabharata, anteriores y superiores en originalidad y belleza a la Ilíada y la Odisea. La lengua sánscrita con su literatura prosigue interesando a los orientalistas de Occidente y a los eruditos de Oriente, aunque hace más de dos mil años que el sánscrito dejó de ser lengua viva sin perder su carácter de sagrada.

El Ramayana y el Mahabharata describen subalternamente los usos, costumbres, creencias y cultura de los antiguos arios. El Ramayana puede considerarse como el monumento más antiguo de la poesía sánscrita, por más que anteriormente se escribieron los Vedas cuya mayor parte está en forma métrica; pero en India se diputa el Ramayana por la primera y primitiva producción poética.

El autor del Ramayana fue Valmiki, sobre cuya vida se forjaron después tantas conjeturas como sobre Homero y Shakespeare en Occidente, aunque no cabe duda de la autenticidad de su existencia, si bien muchos versos del poema no sean suyos, sino interpolaciones que no obstante acrecientan si cabe la poética magnificencia del poema sin par en la literatura mundial.

Hay un relato curioso que cuenta algo sobre Valmiki.

Había en India un hombre todavía joven y ya casado que a pesar de ser de robusta y recia complexión no encontraba trabajo con que mantener a su familia, por lo que en el extremo de la desesperación se hizo salteador de caminos. Atacaba a los viajeros y les robaba cuanto de valor llevaban, y con el fruto de los robos mantenía a sus ancianos padres, a su mujer y a sus hijos, sin que ninguno de ellos sospechara la siniestra procedencia del dinero. Así sorteaba aquel hombre la vida, cuando un día pasó por el camino un gran santo llamado Narada, a quien el salteador le detuvo los pasos para robarle.

Pero Narada le preguntó: -¿Por qué quieres robarme? Es gravísimo pecado robar y asesinar a las gentes. ¿Por qué cometes tan enorme pecado? El salteador respondió: -Porque necesito mantener a mi familia con el dinero que robo.

El santo repuso: -¿Crees tú qué tu familia es partícipe de tu pecado? -Seguramente que sí. – Pues bien; para tenerme seguro, átame de pies y manos y déjame aquí mientras vas a tu casa y les preguntas a los tuyos si quieren participar de tu pecado como participan de tu dinero.

El salteador convino en ello, ató al santo, fue a su casa y le preguntó a su padre: -Padre, ¿sabes cómo te mantengo? -No lo sé. -Soy un salteador de caminos que robo a los viandantes y los mato si no se dejan robar.  -¡Cómo! ¿Tú haces eso, hijo mío? ¡Apártate de mí! Eres un paria. El salteador le preguntó después a su madre: -Madre, ¿sabes cómo te mantengo? -No lo sé. -Pues con el fruto de mis robos y asesinatos. – ¡Horrible cosa! -Pero, ¿quieres compartir mi pecado? -¿Por qué habría de compartirlo? Nunca robé nada a nadie.

El salteador le preguntó después a su esposa: -¿Sabes cómo te mantengo? – No lo sé. -Pues hace tiempo que soy un salteador de caminos, y quiero saber si estás dispuesta a compartir mi pecado. – De ningún modo. Eres mi marido y tienes el deber de mantenerme honradamente.

Entonces el salteador se dio cuenta de la maldad de su conducta, al ver que sus más íntimos allegados se negaban resueltamente a compartir la responsabilidad de sus fechorías, y volviendo al paraje donde había dejado al santo Narada lo desató, contándole todo cuanto entonces había hecho, y cayendo compungido a sus pies, exclamó : – ¡Sálvame! ¿Qué debo hacer?

 El santo le dijo: -Abandona para siempre este género de vida, pues ya veis que ninguno de tu familia aprueba lo que haces y menos te ama al saber quién eres. Participan de tu prosperidad, pero cuando no tuvieras nada que darles te abandonarían. No quieren compartir tu mal sino tan sólo aprovecharse de tu bien.

Por lo tanto, adora a Aquel que siempre está a nuestro lado en el mal y en el bien, que nunca nos abandona, porque el amor no conoce la frialdad, ni la baratería ni el egoísmo. Después, Narada le enseñó a adorar a Dios, y aquel hombre, renunciando por completo al mundo, se retiró a la selva y entregado a la meditación se olvidó enteramente de su personalidad, de suerte que ni aun se daba cuenta de los hormigueros abiertos en su derredor.

Al cabo de algunos años, oyó una voz que decía: -¡Levántate, oh sabio! Pero él respondió: -¿Yo sabio? Soy un ladrón. La voz repuso: – Ya no eres salteador de caminos. Eres un purificado sabio. Borra y olvida tu antiguo nombre. Ahora, puesto que tu meditación ha sido tan profunda que ni siquiera notaste los hormigueros que te rodeaban, te llamarás en adelante Valmiki, que significa “el nacido entre hormigueros”.

El que a un tiempo era salteador de caminos se convirtió en sabio; y un día, cuando iba a bañarse en el sagrado río Ganges, vio una pareja de palomas que daban vueltas y revueltas besándose una a otra. Valmiki contemplaba complacido tan hermoso espectáculo, cuando de pronto, una flecha pasó silbando junto a su oído y mató al palomo. La paloma, al ver a su compañero tendido en el suelo sin vida, empezó a dar vueltas en torno del cadáver con muestras de honda pena.

Afligido Valmiki, y al tender la vista vio al cazador, y poseído de noble indignación le apostrofó diciendo: -Eres un miserable sin asomo de piedad. ¿Ni siquiera el amor ha sido poderoso a detener tu mortífera mano? Y Valmiki pensó para sí: -¿Qué es esto? ¿Qué estoy diciendo? Nunca hablé así hasta ahora.

Entonces oyó una voz que decía: No temas, porque de tus labios brota la poesía. Escribe la vida de Rama en poético lenguaje y en beneficio del mundo.

Así comenzó la epopeya. El primer verso es un raudal de piedad dimanante de labios de Valmiki que ya expuse al principio donde a manera de prologo hace un resumen piadoso de la Epopeya.

Espero que te sirva para encontrar paz y serenidad en tu vida.